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Johannes Vermeer, figura clave del arte barroco

A lo largo de la Historia del Arte, han sido muchos los pintores que han dejado plasmada su visión del mundo en sus cuadros, en obras que hoy en día están colgadas en las paredes delos mejores museos del mundo. Artistas de todas las épocas han ido haciendo evolucionar el propio arte, pasando de etapas mucho más o rompedoras a las más clásicas. Una de las favoritas de los amantes del arte es el Barroco, un periodo que normalmente se encuadra en el siglo XVII, y en el que podemos encontrar a artistas con creaciones muy elaboradas, con un talento absolutamente espectacular y capaces de representar todo tipo de escenas, personajes y situaciones en cuadros que además, solían ser de grandes proporciones. En Italia tenían a Caravaggio, en España teníamos a Diego Velázquez, y en Países Bajos contaban con grandísimos artistas de la talla de Rembrandt y Vermeer.

Tal vez la figura de este último no ha sido tan popular como la de su compatriota, pero es sin duda uno de los artistas barrocos más destacados. Lo reducido de su obra, que apenas llega a los 35 cuadros, seguramente haya jugado en contra de Vermerr para hacerle más popular en el ideario colectivo. Sin embargo, su aportación al arte barroco es indudable, no solo en su propio país, sino siendo una referencia en toda la Europa de la época. Para conocer mucho mejor la trayectoria y la obra de este pintor neerlandés, nosotros hemos querido investigar sobre su vida con la intención de demostrar que fue todo un baluarte indispensable del arte barroco tal y como lo entendemos hoy en día, ya que sin su figura seguramente nada habría sido lo mismo para este estilo, o para el arte en general.

Su introducción al mundo del arte

Johannes Vermeer nació en Delft, una pequeña ciudad neerlandesa a medio camino entre La Haya Y Rotterdam, en el año 1632. Siendo todavía muy joven, Vermees comenzó a dedicarse al comercio, aunque al morir su padre heredó sus negocios, entre ellos una fonda. El contacto con Reynier Jansz, marchante de arte, le llevó a ingresar en un gremio de pintores en su ciudad, con apenas 21 años. Recibiría formación por parte de Pietr de Hooch, aunque también se especula que incluso pudo estar relacionado con el alumno aventajado e Rembrandt, Carel Fabritius. La información que se tiene sobre esa época de su vida es escasa y difusa, así que abundan muchas teorías que, por desgracia, no se pueden confirmar más allá que las puras hipótesis.

Características de sus obras

Como decíamos anteriormente, la obra de Veermer es muy escasa y se reduce a poco más de treinta cuadros. El número exacto varía entre 35 y 33, puesto que hay dos de ellos de cuya autoría todavía se duda. El uso de la luz y la perspectiva son dos cualidades muy notables y representativas de la obra del pintor neerlandés, que además se separa de sus coetáneos por un uso mucho menos meticuloso del pincel. La mayoría de sus cuadros no están sobrecargados, como era tan habitual en el Barroco, pero es cierto que Veermer demostraba, cuando era necesario, una increíble destreza en los detalles, en composiciones algo más recargadas. La mayoría de sus obras eran encargos realizados por mecenas, y no se conocen muchas que hayan pasado por el mercado de arte, o que saliesen de su propia intención.

Sus obras más destacadas

Lo curioso es que Veermer, al contrario que muchos otros pintores, es más recordado por sus obras que por su propio nombre. Todo el mundo ha visto o al menos conoce La Joven de la Perla, seguramente su cuadro más famoso, y sin embargo poca gente sabría decir que él es su autor. Esto no debe ser demasiado preocupante para el propio pintor ya que al fin y al cabo lo que busca es que su arte llegue más lejos y sea inmortal. Además de La Joven de la Perla, otro retrato femenino es también muy reconocido como parte de su obra: La Lechera. Un tercer cuadro, La Alcahueta, en un estilo similar, también ha tenido una gran relevancia, siendo este sí un poco más recargado que los anteriores.

Vida personal

La vida de Veerner fue corta, y aun así no hay muchos vestigios de ella, más allá de algunos documentos oficiales. Vivió casi toda su vida en Delft, donde trabajó en los negocios de su padre. Se casó con una joven católica, algo que provocó grandes problemas puesto que venía de una familia protestante. Con ella tuvo quince hijos, aunque varios murieron de pequeños. Se sabe también que dadas sus pocas ventas, un par de cuadros al año, debía tener otras fuentes de financiación. Aunque pudo ver como alguna de sus obras alcanzaban altos precios en vida, Veermer finalmente murió sin ser demasiado reconocido más allá de su propia ciudad, y de hecho, fue olvidado hasta casi dos siglos después, cuando su figura fue ensalzada como una de las más importantes de su periodo.

Muerte de Johannes Vermeer

Veerner murió en diciembre de 1675, pocos días después de enfermar. En sus últimos años pasó por grandes penurias económicas, ya que algunas guerras le impidieron vender sus cuadros. De hecho, su viuda tuvo que hacerse cargo de muchas deudas y aun así, la situación no mejoró. Por desgracia, como tantos otros aristas dela época, Veermer murió prácticamente arruinado y su fama solo se hizo  notable mucho después, cuando en el siglo XIX otros artistas le rescataron del olvido  y le colocaron como una de las figuras más notables del Barroco neerlandés, un periodo en el que hubo una gran explosión artística en aquella región del norte de Europa. Hoy, por suerte, su figura y su talento son alabados por todos los expertos en arte, y supone una referencia indudable del Barroco.