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Zahara y la polémica con Puta

Alrededor del arte y la cultura siempre ha habido numerosos debates que señalaban la necesidad de que las obras fueran algo más que puro entretenimiento. ¿Debe un director de cine pensar en llegar más allá de hacer reír a su audiencia cuando rueda una película? ¿Es necesario que cada obra que se cree lleve implícito un mensaje profundo, que se tarde horas, incluso días en digerir? La necesidad de canalizar nuestros deseos, nuestras emociones, a través del arte, suele derivar en obras muy complejas, que precisamente por eso pueden llegar a conectar con mucha gente diferente. Sin embargo, el arte comercial no deja de ser una industria, y eso significa que va a pasar por un filtro para conseguir los mayores beneficios. Así pues, el objetivo de profundizar en problemas más importantes, de lanzar mensajes de conciencia, puede quedar lastrado por la necesidad de ganar más dinero, sea cual sea el mensaje que lance.

La música es una de esas artes que nos acompañan constantemente. Cada día, en el coche, en el trabajo, cuando salimos a correr o hacemos ejercicio, en el bar donde nos tomamos la caña… Estamos rodeados de música a todas horas, pero en este siglo XXI hemos logrado una gran victoria: no depender de nadie para escuchar lo que queremos. Ya no tenemos que elegir la emisora menos mala de la radio para estar entretenidos. Con Spotify tenemos toda la música que hayamos podido soñar a nuestro alcance, para poder disfrutar de ella cuando queramos. Esa libertad, sin embargo, sigue pasando por el filtro de lo comercial, de lo que las productoras y discográficas quieren vender. Lanzarse en solitario es algo todavía complicado, aunque no imposible. Si ya cuentas con un nutrido grupo de seguidores y prefieres estar por tu cuenta, para tener el control absoluto de tu música, las cosas pueden salir bien. Zahara, la artista española de pop indie, siguió ese camino desde hacía años, lo que le ha permitido ser más consecuente con sus propias canciones. Una carrera sólida que vivió un auténtico terremoto social en el verano de 2021, cuando un cartel de su gira provocó la ira de cierto sector de la población.

Quién es Zahara

María Zahara Gordillo Campos es una compositora jiennense, nacida en la ciudad de Úbeda en 1983. Interesada desde muy pequeña en la música, cursó estudios en el Conservatorio de su  ciudad, sacándose el Grado Elemental mientras estudiaba también en el instituto. Tras ello logró terminar la carrera de Magisterio Musical en la universidad de Granada, apostando todo a su verdadera pasión. Sin embargo, desde los doce años Zahara ya estaba componiendo canciones, que grababa de forma totalmente amaetur en casa, para presentarlas después en algunos locales. Apenas convertida ya en mayor de edad, empezó a realizar actuaciones con su guitarra, a veces acompañada también de un teclista, por diversos bares de Andalucía e incluso otras comunidades españolas.

Su primer disco llegó en 2005, con el nombre de Día 913, y ofrecía una colección de canciones elegantes que casaban perfectamente con la melodiosa voz de la joven. El éxito que el disco obtuvo en las incipientes redes sociales de Internet, como MySpace, llevó a Zahara a cobrar mucha popularidad. Tanto es así que su siguiente disco ya fue lanzado a través de la multinacional Universal, una discográfica enorme y muy potente que apostó por ella. La experiencia, sin embargo, no fue del todo buena para la cantautora, y decidió rescindir su contrato y crear su propio sello, para editar su música desde ese momento. Varios discos después, Zahara se ha convertido en uno de los mayores exponentes del pop elegante y con mensaje en nuestro país. Seguida por miles de fans, actúa en festivales y también es habitual en los circuitos de salas importantes.

Puta, un disco muy personal

En Abril de 2021, y con un poco de retraso por culpa de la pandemia, apareció el séptimo disco de la artista, titulado simplemente Puta. Un nombre así ya está pensado, obviamente, para llamar la atención, y Zahara nunca ha escondido esa intención. Lo que nos propone es indagar en los complejos femeninos, en la culpa y el deseo, en  la manera en la que una mujer afronta el miedo cuando se siente insegura. Las canciones son todas vivencias personales, así que Zahara se estaba abriendo en canal a través de este disco, para mostrarnos su parte más íntima. Letras sobre abusos y bullying, sobre amor tóxico e incluso sobre las triquiñuelas de la propia discográfica a la que había pertenecido. Un disco que generó gran revuelo en su momento, y fue aplaudido por la crítica, pero que tendría una “segunda vida” meses después.

Polémica por el título

Zahara era consciente de que titular Puta a su nuevo trabajo suponía un arma de doble filo. Esta palabra, utilizada habitualmente para designar no solo a las trabajadoras sexuales, sino a cualquier mujer como insulto, es una de las más controvertidas de nuestro idioma. Tratamos de ser más maduros y analizar realmente los discursos que se nos quieren vender, pero basta con poner Puta en un título para que el debate se embarre. La intención de la cantante era crear precisamente esa discusión general acerca de temas que afectan directamente a las mujeres. Y el término Puta, tan manoseado por la sociedad, se convertía entonces en una especie de reivindicación. Hay que tener en cuenta también que su anterior disco llevaba por título Santa, y pasó sin crear apenas polémica por el panorama musical español. Aunque la culpa de la controversia en este nuevo disco tal vez no sea del título en sí, sino de las imágenes que lo acompañaban.

Un cartel censurado

En conexión con la propia temática que trataba de exponer, Zahara presentó las imágenes de su gira Puta con unos carteles muy potentes. En ellos aparecía ella misma, vestida de una manera muy similar a la de las Vírgenes cristianas, sosteniendo a un muñeco que hacía las veces de Niño Jesús, y con una banda, a la manera de los certámenes de belleza, donde se podía leer “Puta”. No por casualidad, sino porque era el nombre del disco y de la propia gira. El cartel formaba parte de toda la promoción que se venía haciendo del lanzamiento desde abril, pero fue en verano cuando la polémica saltó, al ser censurado en Toledo. El grupo Vox, de la derecha conservadora, entendió que aquello era una ofensa contra los sentimientos religiosos.

En esta era donde cualquier polémica se puede salir de madre en cuestión de horas gracias a Twitter, las reacciones no se hicieron esperar. Los conservadores apuntaban a que la intención de la cantante era ofender a toda una religión. Otros la defendían, aludiendo a que nadie había escuchado su música, y se habían quedado solo con aquella imagen sacada de contexto. El cartel desapareció e incluso la chica tuvo que postergar algunos conciertos. La censura planeaba en las mentes de todos en un país que ya vivió  todo esto hace unas décadas. Zahara recibió el apoyo de muchos compañeros, pero también el odio a través de las redes, de personas que jamás la habían escuchado, pero se atrevían a llamarla de todo por una foto promocional. Y el mensaje de Puta, por desgracia, quedó en un segundo plano.